Un taller vivencial donde los jóvenes descubren su papel en la movilidad segura y nos recuerdan que la educación puede transformar comportamientos.
En el marco del Programa para la Movilidad Segura y Sostenible desde la Infancia #KilometrosSeguros, impulsado por Fundación Michelin España Portugal, esta semana instructores de AIPSEV desarrollamos actividades con jóvenes de Educación Secundaria del Colegio Veracruz de Aranda de Duero, con el objetivo de entrenar habilidades clave para una movilidad segura como peatones.
Comenzamos contextualizando la problemática de los siniestros viales a nivel global y cómo afectan especialmente a la población joven. Después, a través del juego “La Calle”, creado por José María Navarro González, los estudiantes trabajaron —mediante movimiento, escucha activa y toma rápida de decisiones— aspectos esenciales como la orientación, la reacción ante estímulos y la coordinación corporal.
La sesión concluyó con una reflexión conjunta y la elaboración de un “compromiso vial” personal, donde muchos de los jóvenes que participaron en la actividad se comprometieron espontáneamente a no usar el teléfono móvil mientras caminan y a no llevar auriculares al desplazarse a pie, en bicicleta o al hacer deporte.

En un momento en el que la conversación pública sobre la seguridad de los peatones está muy presente, experiencias como esta demuestran que la educación vivencial permite a los jóvenes comprender los riesgos sin culpabilizar a nadie, y asumir compromisos personales desde la reflexión y la autonomía.
Desde AIPSEV defendemos el enfoque de Sistema Seguro, que reconoce que todas las personas pueden cometer errores y que, por ello, el entorno, las infraestructuras y los comportamientos de quienes generan mayor riesgo deben estar diseñados para evitar que esos errores se conviertan en lesiones graves o muertes. Educar a los jóvenes para que tomen decisiones seguras es fundamental, pero siempre dentro de una visión que reparte responsabilidades de forma justa y prioriza la protección de los usuarios más vulnerables.
Cuando un grupo de adolescentes decide, por sí mismo, caminar con más atención, no solo es un gesto de responsabilidad: es algo que nos llena de esperanza.







